Shrink

Shrink no es una película de palomitas. Te pega en el cogote con un yunque.
La historia, dura donde las haya, no versa sobre la violencia, no contiene venganza, ni vengadores ni vengados. Al menos, no toca la violencia externa. Pero una historia de dos seres que lo han perdido todo porque han perdido a un ser querido de la forma más terrible que existe, contiene en sí mismos una suerte de autoaflicción no exenta de violencia psicológica. Esa forma es el suicidio. Pero el drama no consiste en la autoaniquilación, sino que subyace, como una inhabitable estancia,a lo largo de todo el metraje en forma de la ausencia de razones. Los protagonistas, Spacey y Keké Palmer, se ven impelidos a sobrellevar una existencia de sufrimiento por la contundente fuerza de la aparente sinrazón de unas muertes que les producen una infinita culpabilidad.
Fiel a los epigramas o las máximas, pasatiempo de uno de los personajes, el guión nos remite a Kierkegard y a su conocimiento del ser humano en un entorno natural. “Todo aquel que esté sufriendo sólo puede ayudarse a sí mismo” .Ésta es la premisa que atraviesa el filme, toda vez que Spacey, psicoterapeuta él mismo, se ve impotente para curar (del verbo “to fix” en V.O) a sus pacientes. En su nihilismo se ve incluso incapaz de hacerles más llevadero su sufrimiento. Pero será en el espejo cóncavo de una adolescente del guetto que encontrará un reflejo dodecaédrico de su propio drama y, en un perfecto ejercicio de insospechada socialización, encontrará una compañera de camino. El camino de una vida herida de muerte, pero no exenta de esperanzas.
Publicado el 21 Septiembre 2009 por El argonauta
Articulo archivado en: Críticas, Críticas "El argonauta"


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