Quanto vale ou é por quilo?

Portada de la película
Dirección: Sérgio Bianchi (2005)
“Lo que vale es tener la libertad para consumir, esa es la verdadera función de la democracia”. Esta frase, proferida por el actor Lázaro Ramos, en la película de Sergio Bianchi “Quanto vale ou é por quilo?” trae a colación muchas de las cuestiones expresadas por el cineasta brasileño, que se vuelven fundamentales para aquellos que deseen reflexionar más seriamente sobre la desigualdad, los derechos de los pobres y el capitalismo en la actualidad.
Así como en su anterior film “Crónicamente inviavel” Bianchi presenta la realidad de Brasil de forma tan cruda y chocante que nuevamente la crítica lo ha rotulado de nihilista o catastrofista, rótulos que tanto limitan la visión de realidades de hecho existentes, cuanto que revelan el deseo de mantenerlas en foco recalcándolas. Bianchi parece decirnos que es imposible mantenerse distante de esa realidad de disparidades sin sufrir un choque directo, y, tal vez, esas sensaciones sean de alguna forma productivas, de manera que consigan apear a algunas personas de ese mundo mágico en el que viven, rodeados de eslóganes autocomplacientes en pro de la solidaridad y la responsabilidad social.
Libre adaptación del cuento “Pai contra mae” de Machado de Assis, la película trae al presente y convierte en actual el pasado esclavista afrobrasileño, dejando clara la imposibilidad de observar el presente sin tener ese pasado en la mira. Además remarca las persistentes desigualdades económicas, sociales y de derechos en el país. A medida que el cuento machadiano es adaptado a la actualidad (en las figuras de Candinho,Clara, tía Monica y Arminda) Bianchi muestra la unión imprescindible con la Historia para imprimir una visión crítica a la actualidad.
Por otra parte, para aquellos que aún no leyeron el cuento de Machado de Assis, la vinculación entre pasado y presente queda más clara cuando Bianchi utiliza el recurso de los paralelismos con las crónicas verídicas de Nireu Cavalcanti, de finales del siglo XVIII, extraídas del Archivo Nacional de Río de Janeiro. Los cortes entre la adaptación del cuento y esos documentos del Archivo Nacional producen choques consecutivos en el espectador, en la medida en que igualan la violencia, la noción de que unas personas pueden ser propiedad de otras, o la implacable lógica del lucro del sistema de esclavitud de Brasil. El paralelismo opera, trayendo al primer plano el lucro actual que se deriva de la gestión de la solidaridad para con los excluidos, pero sin el beneficio real de éstos.
Si bien, por un lado el filme afirma que existen reminiscencias que nos son cercanas, también abarca su incorporación y complejización en los días actuales: se muestra la miseria, los aparatos represivos y la prisión como económicamente rentables y generadoras de empleo (a través por ejemplo de la contratación de los presos de régimen semiabierto, a los que se les puede pagar 4 veces menos que al los resto de los trabajadores). Se nos patentiza la solidaridad como una empresa, e incluso, la denuncia misma como un negocio. En el actual juego democrático y de participación de la sociedad civil en pro de demandas no atendidas por el Estado, las ONG´s – o el también llamado tercer sector- aparecen en el largometraje funcionando como empresa, incorporando la típica nomenclatura y discursos mercantilistas y objetivando, al fin, el lucro.
Conceptos como responsabilidad social o solidaridad son exaltados y movilizados como objeto de marketing por esa nueva industria de gestión de la miseria y de los miserables. La ácida crítica de Bianchi recae, por tanto, sobre aquello que muchos han considerado como solución y alternativa para los dilemas inherentes al capitalismo: las ONG´s y los gestores de la solidaridad.
Sin frenos, tal acidez puede volverse incluso contra el propio film, desembocando en una autofagia que lleva a la autodestrucción al no proponer salidas. Pero ese aparente autoholocausto encuentra como límite el choque con el espectador, proponiendo expulsarlo de ese mundo acomodaticio en el que vive. Propone detener la inercia confortante de los que critican sin ir más allá. Sin soluciones, sin remedio, la película termina sin la compensación que anhela el espectador, el cual por más que busca salida al purgatorio, no la encuentra por ningún lado. En definitiva, una visión lacerante, pero nítida, desmitificadora y crucial para entender los entresijos de la realidad de las supurantes democracias de América Latina.
Traducción libre y adaptación de un artículo de Marta Kanashiro para la web www.conciencia.br por El argonauta
Publicado el 30 Mayo 2009 por El argonauta
Articulo archivado en: Críticas "El argonauta", General


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