Vicky Cristina Barcelona

Queridos cinéfilos:

Me siento de nuevo a escribir  tras meses de intensa sequía creativa con el firme propósito de continuar compartiendo con ustedes opiniones sobre cine y después de un breve período de incursión en el creciente mundo de las series online. Sólo un comentario para adictos y curiosos en general: las series, mejor en la tele de toda la vida. Es más saludable.

Lejos de las frivolidades de la red, en estas últimas semanas hemos podido disfrutar del estreno del nuevo trabajo de uno de los pequeños grandes genios del séptimo arte. Woody Allen llegó a España precedido de especulaciones rosas acerca de sus acompañantes para la premiére, y sobrevivió a la expectación mediática.

Vicky Cristina Barcelona es una comedia agradable, no tan vertiginosa como las de antaño y sí más relajada, más naïf, más políticamente correcta. Aquel egocéntrico y caótico Allen que satirizaba hasta el absurdo sus propios rasgos ha ido creciendo y ampliando su lenguaje. Entre sus últimas películas (El sueño de Casandra, Match Point, Melinda&Melinda) ha habido espacio para el drama, la tensión e incluso el suspense. Quizá por eso en esta ocasión haya preferido relajarse y abordar un proyecto más placentero: una cuidad, el arte, el amor. Nada más inspirador.

El filme se desarrolla, como todos saben, en España. Y queda patente la adoración del director por nuestro país en cada plano. De hecho, hasta abruma un poco al comienzo. Parece una promoción pura y dura de nuestra gastronomía, nuestro modo de vivir, …por momentos buscas a Anne Igartiburu por si fuese una promo de Marina d’Or. Pero es que Allen pretende mostrar Barcelona como un personaje más de la historia, y desde luego, lo hace con un gusto exquisito.

De otra parte, tenemos a los protagonistas: dos norteamericanas (Scarlett Johansson y Rebecca Hall) y dos españoles ( Bardem y Penélope Cruz). La trama: un verano en Barcelona y la eterna pregunta de qué es lo que hace que el amor funcione.

En mi opinión de simple espectadora, y teniendo en cuenta que la película hace pasar un buen rato y sonreír, creo que el único pero (aparte del doblaje; una lástima)  se lo lleva Woody Allen por plasmar un prototipo demasiado caricaturesco de la mujer española en el personaje de María Elena (Penélope Cruz). Se trata del papel más divertido y al mismo tiempo de la única nota discordante del filme. Pero gracias a él intuímos al viejo Allen haciendo otra vez de las suyas. Extremo, intenso, genial.

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